9. COMERSE LOS MOCOS
A partir de ahora, nada de recriminarle a un niño que se meta el dedo en la nariz. Al contrario: hay que adiestrarles en la práctica igual que se les enseña a lavarse los dientes. Según el neumólogo austríaco Friedrich Bischinger, esta costumbre no tiene más que ventajas: “Con los dedos se llega a partes del interior de la nariz que no se alcanzan con el pañuelo, y así se mantiene el interior de la fosa nasal limpio”. Pero la operación ha de completarse con la ingesta del “botín” obtenido, lo que prepara al organismo contra las infecciones. “Es una buena manera de reforzar el sistema inmunitario, ya que expone el conducto digestivo a las bacterias acumuladas en la mucosidad”, asegura Bischinger. Cuando lo comemos, el moco funciona como una especie de vacuna. ¡Y además es gratis!
Fuente:http://www.quo.orange.es/reportajes/4577_4.html
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